El Periódico de la Psicología

La psiquiatría me ha estafado y me ha engañado. Jose Pedro Llinares García

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Desde los diez años vengo sufriendo padecimientos psicosomáticos-emocionales y eso me ha permitido desarrollar una fina sensibilidad cuando estoy delante de alguna persona. Con apenas escucharla y observarla, percibo intuitivamente si padece de algún trastorno psíquico. Eso me produce, a veces, un sufrimiento que muchas veces me llevo a casa, necesitando un tiempo para recuperarme. Lo achaco a un exceso de empatía lo que me hace ver claramente que hasta lo que se llama virtud se puede convertir en un defecto perjudicial.

Casi toda mi vida me la he pasado tomando psicofarmacos que, por supuesto, no solo no me han curado sino que me han convertido en un drogadicto legal, con la consiguiente retahíla de efectos secundarios desagradables. He hecho lo imposible por dejar de ingerirlos y no he podido. Cierto es que disminuyen o eliminan algunos síntomas pero, con el tiempo, el cuerpo se acostumbra, por lo que hay que cambiar de principio activo. Así que llevo este asunto con dignidad y mucha paciencia.

La psiquiatría me ha estafado y me ha engañado. No voy contra los psiquiatras. Ellos hacen lo que pueden. No estoy contra los psicofarmacos; si se usan en casos muy concretos, esporádicos y durante un breve tiempo, para atajar crisis psíquicas aterradoras donde los delirios, el pánico, la ansiedad extrema, las alucinaciones y la agresividad campan a sus anchas. El problema que tenemos actualmente es que hay un exceso de sobre-diagnostico con su correspondiente sobre-medicación.

Lo que si funciona es la psicoterapia y puedo dar fe de ello; aunque en mi caso y debido a la antigüedad de mis trastornos, me ha costado muchísimo tiempo lograr una recuperación parcial.

He buscado soluciones por todas partes: leyendo libros, asistiendo a talleres, estudiando, aprendiendo de personas que han aparecido en mi vida. Me he percatado de que gran parte de las "enfermedades mentales" tienen su origen en la infancia, en los primeros años de vida, pero este es un tema muy largo para desarrollarlo ahora.

Perdonar el preámbulo. En verdad, lo que deseo es compartir una herramienta que he practicado y me ha funcionado, pero que yo aconsejo se utilice solo en caso de padecer neurosis. No debe utilizarse si se padece esquizofrenia.

Buscando con persistencia, encontré un ejercicio que a mi me ha proporcionado paz y tranquilidad. No es una práctica basada en la reflexión o en la autogestión, se basa en la toma de conciencia del presente; de las percepciones y del propio cuerpo, tratando de aminorar el parloteo mental constante que nos acompaña a todas partes.

Se necesita un espacio donde poder practicar, como mínimo, un par de veces al día. No hace falta mucho tiempo, con cinco o diez minutos cada vez, es suficiente. No debe haber ruido, ni nada o nadie que pueda molestar. Hay que sentarse en una silla durante un minuto y con los ojos abiertos mirar la habitación y sus objetos. Seguidamente cerrar los ojos y hacer tres respiraciones lentas y profundas. A continuación dirigir la conciencia y la atención al cuerpo empezando por los pies y terminando por la cabeza. Una vez hecho esto, hay que poner la atención en la respiración. Hay que sentir, solo sentir. Vendrán imágenes y pensamientos. Se deben dejar pasar y tratar de no implicarse emocionalmente. Como si se estuviera viendo una película. Lógicamente como la atención no puede estar en dos sitios a la vez, se retirará de la respiración. Hay que volver a ella, no hay que tener prisa, ni querer hacer el ejercicio de forma perfecta. Se trata de "controlar" esas manifestaciones internas de tipo visual y verbal. Con práctica y tiempo se logra, y uno queda anclado en la respiración, lo que produce una gran paz. Se vuelven a hacer tres respiraciones profundas y lentamente se abren los ojos. Con esto basta. Los efectos se notan muy pronto.

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