El Periódico de la Psicología

¿Conocéis el libro: Mientras yo me dignifico, tú me culpas, el vecino no me perdona y yo no entiendo nada? Elisenda Tuneu Tarrés

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Llevo unos días sin escribir. Estoy viviendo una situación repleta de cambios, necesito asimilarlos para poder despejar la reaparición de fantasmas disfrazados de razones, con un ego soberbio pero con muy poca conciencia de utilidad o eficacia. Algunos, me preguntan si estoy bien, obviamente respondo que sí, aunque el autoanálisis obsesivo me está minando un poco las fuerzas.

En este momento, me doy cuenta que casi toda persona ajena a mí, tiene un manual de funcionamiento que resulta, cuando menos la hostia, pues les explica de manera clara y precisa como actuarían si fueran yo, además de otorgarles una autoridad magnánima para discernir lo que está bien de lo que está mal. Por supuesto, ayer que era Sant Jordi decidí ir en búsqueda de esta "obra maestra" de la literatura de autoayuda, quise recordar el titulo porque el autor segurísimo, es anónimo.  Me vino a la mente: "Mientras yo me dignifico, tú me culpas, el vecino no me perdona y yo no entiendo nada" Lo rebusqué, pensé que no me costaría nada encontrarlo, pero para mi sorpresa, no constaba en ninguna parte.

No me hagáis mucho caso, quizás no le dediqué el suficiente ímpetu. Otra opción es que tenga como "target" la gente, aparentemente, normal o que en mi dispersión lo confundiera con el título de una futurible película de Almodóvar. ¿Pero si todo el mundo parece tenerlo todo tan comparado, el manual, tiene que estar en alguna parte, verdad? ¡Ya entiendo qué sucedió! Si recapacito, haciendo un poco de autocrítica, yo no termino de encajar con este público potencial repleto de sabiduría popular y aparentemente cabal, los libreros se dieron cuenta y me negaron su adquisición. Tuvo que ser eso...

No soy "común" y lo sé; a veces puedo ser divertida pero con un plus extra de cinismo no apto para todos los públicos, como habéis podido comprobar. Tiendo a ser mucho más sensible que otras personas. Me atormentan los múltiples significados, las insinuaciones y la autoconsciencia. El auto-análisis intensivo, la autocrítica y la incapacidad de reconocer que tengo límites, me desaniman. (Párrafo, inspirado en la American Association for Gifted Children, 1978, p. 9).

Por todos estos motivos, me exasperan vocablos con una clara connotación reduccionista acuñados en el cristianismo como: bueno, malo, digno, perdonado...y que alguno de vosotros sin pedirlo me estáis regalando en un continuo bombardeo. Me molestan porque no los puedo entender pues en el contexto dónde los dibujáis, para mí carecen de significado. El otro día, por poner un ejemplo, una persona me preguntó si con la escritura intentaba dignificar mi sufrimiento. Me sentó fatal...me sonó a insinuación redentora paternalista. Reflexioné sobre el tema y llegué a la conclusión que para mí la dignidad se engrandece con el amor propio, la aceptación y el autocuidado. Ya no me rijo por la excelencia o los galones que nos otorga la sociedad. La búsqueda de nuestro reconocimiento, como la del amor en otro ser, se puede convertir en una peregrinación hacia ninguna parte, una pérdida de libertad individual a favor del colectivo. Por lo tanto, no quiero que nadie me dignifique, me perdone o me entienda más allá de lo que pueda hacerlo yo, conmigo misma.  

Voy a simplificar, porqué se tiene que simplificar si se quiere llegar a alguna parte. Las personas con superdotación, tema que quería empezar a introducir, no analizamos las cosas de la misma forma que los demás, no por tener más capacidad somos más funcionales, al contrario, estamos en lucha continua y nuestro mundo interior es tan rico como insufrible. Desafortunadamente, somos la única excepción que quiere ser como todos los demás. Si me quieres insultar no me harás daño con una palabra malsonante me "incordiarás más" con un uso "ilegítimo" del lenguaje. Y sí, me estoy colmando de etiquetas ahora que soy capaz de despojarme de ellas, cada vez que hablo de mí sin temor al cómo lo hago, las mil y una máscaras con las que he convivido durante toda mi vida para ser aceptada, se las va llevando el viento. ETT

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