El Periódico de la Psicología

Los sueños que tuve. Por Luis Miguel Domínguez

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Soy un varón de 56 años que acaba de escapar vivo de un ICTUS devastador. Me dispongo a relatar los preciosos sueños que he tenido después de 36 días en coma.

Lo primero que quiero decir es que la situación de coma es plácida, hermosa. Se encuentra uno allí, de maravilla. La otra orilla es un paraíso del que no apetece volver. Así me he sentido.

Gracias a mi capacidad ensoñadora, he salvado la vida. He estado en un planeta, dentro del planeta. He vivido historias que nunca olvidaré y que marcarán mi vida, para siempre. Algunas son de carácter inexplicable, pero todas surgen de mi amor profundo a la vida.

Los lobos me salvan la vida

Un día, tenía una sed asesina, una sed insoportable y andaba subiendo un repecho en una montaña cuando de pronto veo venir a 5 lobos a su aire, como compartiendo entre ellos un momento de camaradería.

Al pasar a mi lado, el más grande de ellos, un macho espectacular, me hace un gesto como para que le siga. Me pongo a seguirles y me llevan a una poza de color azul cobalto, bellísima, que era mi salvavidas.

En esa poza, se ponen a bañarse, y a jugar. Meten sus manos, sus hocicos y yo meto mi cabeza y bebo, bebo directamente con la boca.

Junto ami boca a la suya y bebemos juntos del agua reparadora. Sacio mi sed, y comparto un momento íntimo con un grupo de lobos. Me dejan estar con ellos. Bebo hasta que me sacio. No me hace falta tocarles.

Sencillamente compartir un aspecto tan íntimo, me hace sentirme uno de ellos, compartimos un bebedero, bebemos juntos, y realmente me salvan la vida.

New York, agua a la vista

No sé ni como ni porqué, acabo transitando por la costa de NY, a orillas del río Hudson. Y allí descubro que el agua dulce, está aflorando y formando un rosario de lagunas, pequeñas piscinas y pozas naturales que le dan una belleza inusitada a ese lugar.

Me enamoro de ese sitio y lo convierto en mí santuario personal. Un lugar de agua fósil que lleva millones de años sin entrar en contacto con ningún organismo vivo, y de donde al beber, te llenaba el cuerpo de luz e iluminaba el cuerpo de la gran pureza. Un agua esencial, un agua antigua, un agua primitiva, de una pureza extrema que formaba un rosario de zonas húmedas maravilloso.

A medida que va pasando mi coma me meto más en esa localización, me enamoro realmente del lugar y decido ir a visitar a un general japonés, que me han dico que es el señor de la guerra para alentarle del valor del lugar, para que no se le ocurra destrozarlo.

Me voy a su despacho y hablo con él. Le digo reiteradamente y con mucha contundencia que no hay que repetir un Pearl Harbour, que no bombardee el lugar. Que el lugar es bellísimo y hay que cuidarlo.

Él me escucha con atención, sabe que tengo razón, sabe que tengo razón, pero al día siguiente lo bombardea y lo destroza. Y yo lloro en su despacho, como un niño que ha perdido a su madre. Lloro ante la pérdida de algo único, de algo esencial.

Lógico en mí que estoy viajando hacia el origen. Mi viaje es hacia el origen. He viajado hacia lo que el hombre fue y lo que debe ser. La parte más débil del universo.

Llego a enamorarme del agua y llego a penetrar tanto en ella que veo sus moléculas, veo los cristales de los que está formada. Las formas del agua, veo sus cristales, la toco, las aprecio. Llego a comer rebanadas de agua. Cojo pan y agua. Todo ante una pureza qué me había sido privada por mi condición de ser racional.

Estoy absolutamente convencido de que todo esto tiene que ver con la parte que tenemos coartada y que no nos permite acceder a ciertas dimensiones. El coma ha permitido liberar al Luis Miguel más esencial, más salvaje, más natural. Ha permitido que yo me entremezclara con la física y la química que hay alrededor de las cosas.

Y no como vivimos, vivimos capados. Hay una parte nuestra que vive capada que ignora la capacidad que tenemos de adquirir la dimensión espiritual que tenemos. Y esto me duele. Siempre me dolió, quizá por eso en estos sueños ha surgido de una manera tan evidente. Y todo con una mente abierta de par en par.

Como el principito

Me he sentido como el Principito, como si fuera el principito, caminando solo por el planeta lleno de sorpresas. Receptivo de par en par a que me las dieran. Con la mente y el pecho abiertos y dispuestos a recibir cualquier sorpresa que se me otorgara.

Hasta tal punto es sorprendente esta historia que durante mi coma, mientras yo lo estaba viviendo oníricamente, salto a los medios de comunicación internacionales esta noticia: https://bit.Iy/2Yc1XMK.

Sin referencias por mi parte ni haber leído nada al respecto, de repente viajé a aquel lugar, vi todo aquello, aprecié la fuerza del agua coincidiendo con la realidad.

Esa conexión realmente espiritual me sobrecoge y me marca la senda a seguir. ¿Cómo es posible que yo llegara a apreciar el valor de esa masa de agua dulce que estaba oculta a las gentes desde hace millones de años, y de la que nadie nunca me había hablado?

Son los misterios de la existencia. En este caso, desvelado por una situación in extremis entre la vida y la muerte.

Decir tan solo que en el fondo agradezco la gran oportunidad de haber vuelto, aunque este mundo me parezca raquítico y enano. Haber vuelto con alguna que otra secuela, pero no haber perdido el sentido de la vida. Ha sido una maravillosa oportunidad que espero me haya enriquecido. Me ha hecho más hombre, más humano. Me ha hecho más planeta.

Y deseo que sirva a cualquier persona que esté asustada ante el hecho de viajar al otro lado, que este relato, que va a convertirse en libro próximamente, le sirva como cuaderno de bitácora. El miedo no es buen compañero. efeverde.

Luis Miguel Domínguez es naturalista, director de producciones audiovisuales relacionadas con la Naturaleza y presidente de la asociación Lobo Marley.

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